Etnografia

Cante de la Trilla

Tanto en Cártama (Barriada El Sexmo), como en Álora y Almogía, se celebran con la llegada del tiempo de la siega (agosto y septiembre), los Concursos de cantes o nanas de la trilla, una magnífica ocasión para conocer buena parte de la tradición oral que, pasando de padres a hijos, viene referida al trabajo de la tierra con la colaboración de animales como las mulas.

Estos concursos están basados en aquellas canciones, poesías, rimas y decires en general que había costumbre de cantar a las bestias mientras se realizaba el trabajo de trillar en el campo. El hecho de recitar mientras se trabajaba se realizaba, según los entendidos, para animar al trabajo al animal y para hacer más liviano el más que duro trabajo en el campo.

Verdiales

El verdial es un cante popular, para algunos padres de los cantes de los montes de Málaga. Puede considerarse como un fandango alegre, y sus raíces se pierden en el tiempo, observándose en algunos casos connotaciones moriscas. Sus orígenes están ligados al medio rural y su extensión se produjo gracias a la gran popularidad que tomó entre las clases campesinas; fue un fenómeno presente en todos los actos de júbilo: bautizos, bodas, cencerradas, declaraciones de amor… Esta unión y pasión que sintió el verdialero se fue llevando a los hijos como herencia, aprendiéndose de oído de generación en generación. El discurrir del tiempo dio origen a tres estilos que aún hoy en día perduran: Estilo de Almogía, Estilo Montes y Estilo de Comares.

Los instrumentos empleados varían de un estilo a otro pero en general podemos distinguir el violín, la guitarra, los panderos y los platillos. Éstos son hábilmente tocados por los tontos o integrantes de la panda, entre los que está el mayordomo o alcalde, persona que con su vara va dirigiendo la fiesta, salida del violín, cantaor, baile y la parada. El estilo de fiesta del partido de Almogía es el que tiene el toque más rápido, el violín dirige al conjunto, mientras que en los Montes el pandero, de exageradas dimensiones, cobra vital importancia.

De la típica vestimenta de verdiales destaca el sombrero, de grandes dimensiones y adornado con vivas cintas de colores y un sinnúmero de diminutos y variopintos objetos.